Encuesta AMT En muchos centros, el problema no es que falten turnos. Es que nadie mira con precisión qué pasa después de asignarlos. Hay confirmados que llegan, confirmados que se bajan a último momento, reprogramaciones que desordenan el día y ausencias que se descubren tarde. Si todo eso se mezcla en una sola bolsa, la agenda parece llena aunque el rendimiento real sea otro. El dato que ordena la agenda No alcanza con saber cuántos turnos se dieron. La decisión real se toma cuando el centro distingue entre tres comportamientos: los que se confirman, los que se reprograman y los que se pierden. Ese corte cambia la lectura del día. También cambia qué tan útil es un recordatorio, cuándo conviene insistir y hasta cuánto margen dejar para no sobrecargar una agenda que ya viene exigida. Tres decisiones que se toman mejor con ese dato 🔔 Recordatorios Si la confirmación es baja, el recordatorio no puede ser genérico ni único. Hace falta medir en qué momento responde mejor cada paciente o cliente. 📋 Política de cancelación Si la reprogramación domina, la política no se piensa igual que en un centro con ausencias altas. La regla tiene que acompañar el comportamiento real, no el deseado. 🗓️ Capacidad de agenda Con ausencias frecuentes, llenar cada hueco al límite puede ser una trampa. Saber qué porcentaje se cae ayuda a definir sobrecupo, buffers y horarios más realistas. La agenda no se desordena solo por cancelaciones. Se desordena cuando el centro no distingue patrones y termina tomando decisiones a ciegas: cuánto insistir, cuándo flexibilizar y cuánta capacidad real tiene cada día. ¿Querés ver cómo se aplicaría esta idea en tu centro? Podemos mostrarte un ejemplo funcionando y pensar juntos cómo adaptarlo a tu realidad. Quiero verlo en mi centro